Dermofarmacia: claves para el cuidado de la piel

dermofarmacia: mujer cuidando su piel

Dentro de la farmacia, la rama de la cosmética y el cuidado de la piel, en especial el cuidado facial, tienen gran importancia. En datos, la dermofarmacia supuso la venta de más de 80 millones de unidades, traducidos en más de 700 millones de euros en 2015 según la revista científica Elsevier.

Por ello, es cada vez más necesario que el profesional de la farmacia conozca todo acerca de este área y de los productos que lo componen. Los consejos del farmacéutico tras el mostrador, serán clave para satisfacer las necesidades de los clientes respecto a la salud y cuidado de su piel.

Importancia de la dermofarmacia

La presencia de productos de dermocosmética en las estanterías de la farmacia no se limita al ámbito de la estética, sino que va mucho más allá.

Cuidar nuestra piel no solo tendrá como resultado una piel mejor estéticamente hablando, sino que también facilitará las distintas funciones de la piel. Según el libro “Dermofarmacia, Cómo empezar, desarrollar con éxito y ser una farmacia referente”, estas funciones son:

  • Barrera protectora: al ser la parte de nuestro cuerpo más externa, nos protege de distintos factores externos.
  • Regula la temperatura: los vasos sanguíneos que la conforman juegan un papel importante en la regulación de la temperatura corporal.
  • Secreción: la piel cuenta con glándulas como la sebácea, que generan una grasa llamada sebo. Esta es expulsada mediante los folículos pilosos.
  • Tacto: la piel nos permite sentir, siendo el órgano responsable del tacto.
  • Excreción: eliminamos sustancias tóxicas a través de la piel.

La higiene y el cuidado de la piel, por lo tanto, ayudará a prevenir problemas dermatológicos como el acné y contribuirá a la eficacia del tratamiento de otros problemas como son la rosácea.

Tipos de piel

En la rama de la dermofarmacia hay que tener en cuenta, para poder aconsejar a los clientes sobre los productos, los diferentes tipos de piel. Conocer cómo es la piel del cliente que llega a la farmacia, permitirá que el consejo y la recomendación tras el mostrador de la farmacia sean más eficaces. De esta manera, le ofreceremos un producto que será indicado para el cliente según sus características y necesidades.

Los principales tipos de piel son los siguientes:

  • Piel normal
  • Piel seca
  • Piel grasa
  • Piel mixta

Esto influirá en gran medida, por ejemplo, al evitar recomendar productos como son los aceites a personas con piel grasa.

Otro aspecto importante que los farmacéuticos debemos tener en mente a la hora de aconsejar cualquier producto para el cuidado o higiene de la piel es la edad. Los clientes tendrán unas necesidades dermatológicas especiales según su edad. No será lo mismo lo que se busca para la piel de un bebé, como podrían ser cremas de pañal para hacer frente a la dermatitis, que lo que necesita una persona de piel senil, que puede estar buscando un tratamiento para el envejecimiento o manchas de la piel.

Dermofarmacia y hábitos para el cuidado de la piel

En nuestro día a día, estamos constantemente expuestos a factores externos e internos que repercuten en nuestra piel. Esto hace necesario conocer qué factores pueden alterar nuestra piel de manera negativa así como las formas en las que podemos protegernos. Los principales factores negativos son:

  • La exposición al sol
  • No descansar las horas necesarias
  • Contaminación
  • Alimentación
  • Humo de tabaco
  • Ciertos productos

Por este motivo, es importante que desde la dermofarmacia, ayudemos a implantar hábitos saludables para nuestra piel, y en concreto para la zona facial. Los clientes pueden cuidar su piel mejorando su calidad de sueño y su dieta. Además, el cuidado de la piel tendrá 3 pilares básicos que deben formar parte de su rutina: la higiene, la hidratación y la protección solar.

Paso 1: Higiene

El primer paso básico para cuidar la piel es mantenerla limpia. Al limpiar nuestra piel, eliminamos tanto sustancias como las células muertas y el sudor, como residuos procedentes del exterior como el maquillaje o restos de humo o contaminación. Es recomendable tener una rutina de limpieza facial que ayudará a prevenir o mejorar la aparición de granos, y contribuirá a la estética de la piel.

Para conseguirlo, desde la parte de dermofarmacia, contamos en las boticas con productos limpiadores como son los jabones, desmaquillantes, aguas micelares, geles, aceites y toallitas. Las distintas opciones serán más o menos recomendables según el tipo de piel del cliente.

Paso 2: Hidratación 

El segundo paso que debemos ayudar a implementar desde la dermofarmacia en la rutina diaria de cuidado de la piel, es la hidratación. Con ella, conseguimos recuperar el contenido líquido de nuestra piel.

Al igual que ocurría con los limpiadores, en la dermofarmacia encontramos distintos tipos de productos que ayudan a hidratar y que serán más o menos adecuados según el tipo de piel. Entre estos productos, encontramos los humectantes, el ácido hialurónico, aceites, siliconas, etc.

Paso 3: Protección solar

Por último, debemos incorporar entre los hábitos de cuidado de la piel, el uso de protección solar

Es cierto que la exposición al sol tiene aspectos positivos como la vasodilatación, la producción de melatonina y la sintetización de Vitamina D. Sin embargo, en exceso es perjudicial para la salud, por lo que el farmacéutico debe orientar a los pacientes sobre los peligros de la radiación solar y los productos que nos ayudan a protegernos.

Entre estos efectos negativos que tiene la luz solar en nuestra piel, encontramos las quemaduras. Aunque nuestra piel consiga volver al aspecto normal tras quemarnos al sol, el daño en las células se acumula, hasta que llega a un punto en el que la piel no puede recuperarse. Las quemaduras, además, son de mayor gravedad en el caso de la piel de los más pequeños. En caso de que el daño provocado por la exposición solar sea continuado, pueden llegar a mutar algunos genes de la piel provocando cáncer. Otro de los efectos negativos que encontramos es la erupción solar o fotodermatitis producida por las radiaciones solares. Además, el abuso de la exposición solar acelera el envejecimiento de la piel favoreciendo la aparición de manchas, arrugas, etc.

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